
En la hora del crepúsculo
la calma invade la mirada.
Soy testigo y serlo
requiere siempre distancia.
Observo, pues, desde la distancia
que lo abarca todo,
las pasiones ya no perturban mi albedrío.
Soy clarividente porque
ya no vivo sumergida
en la nebulosa de mis sueños.
La calma invade la mirada del testigo.
Soy libre al fin.
Carme Martin
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