dimarts, 27 de novembre del 2007

EL EFECTO INVERNADERO



Los árboles alargaban sus ramas hacia el infinito en claro gesto su súplica.
La tierra ardía roja de cólera por el comportamiento humano.
Las plantas lloraban ante la imposibilidad de que sus simientes crecieran y dieran vida a hermosas y reconfortantes flores.
Los ríos morían lentamente y se convertían en lenguas blanquecinas y sedientas .
Las fuentes morían de inanición.
Los campos y los bosques se resquebrajaban y cualquier pequeña chispa de fuego podía convertirlos en un infierno ambulante.
En medio planeta no llovía y el otro medio se inundaba.
Los hielos se derretían y los mares inundaban las costas de muchas ciudades.
Los desiertos avanzaban y millones de personas tuvieron que emigrar a otras tierras, el hambre terminó con la vida de millones de ellos.
Mientras, algunos humanos sedientos de poder y ciegos por convicción, seguían llenando l’atmósfera de gases invernadero.
La cuentas corrientes de algunos se llenaban más y más, pero su ansia de poseer no decrecía.
Otros se mostraban indiferentes ante el desastre argumentando que lo que pasaba no iba con ellos.
Finalmente el resto de la población, inconsciente o no sufría directamente los inconvenientes autocráticos del sistema.
Solo unos pocos comprendieron el alcance de la tragedia y luchaban por abrir las mentes de los inconscientes y los ojos de los ciegos y eran tachados de locos.



Llegó el día en que toda la humanidad se peleaba no ya por poseer petróleo, que ya se había acabado, sino por conseguir agua,
Se iniciaron cruentas guerras que llevaron al planeta a la extinción.
Pasó un millón de años y nubes nuevas derramaron su maná sobre la tierra sedienta, las plantas dieron de nuevo flores y frutos.
Los ríos llenaron sus cauces y nuevos peces nadaron alegremente por sus aguas llenando de vida el lugar y el ciclo se inicio de nuevo.


De pronto llegó al lugar un animal que se sostenía con dos patas y el resto de animales huyó despavorido ante la temida imagen.


Carme Martín